27/01/2026 | Lic. Ana Terán
Tiempo de Lectura: 4 min
Imaginemos el siguiente escenario: te empezó a gustar alguien, ya están hablando y de pronto te aparecen unas ganas impostergables de verte bien, aparece una motivación galopante por regresar al gimnasio, de pronto los carbohidratos dejaron de ser tan sexys y nada ni nadie te convencerán de regresar al sillón a tus maratones de siempre…
Unas semanas más tarde, te das cuenta que esa persona ya estaba saliendo con alguien, y después de todos tus esfuerzos por retomar la vida sana para verte más brillante, se queda todo engavetado, hasta la próxima vez que regrese el subidón.
En otros escenarios de la vida diaria, personal o laboral, aparecen a menudo a inicios de semana, mes o año, nuevas determinaciones para comer mejor, leer más o lograr que nuestro equipo de trabajo sea top en las temidas métricas. Pero luego de un corto tiempo la realidad nos golpea, y de nuevo, el estrés, el cansancio y la rutina nos ganan la batalla. Como profesional de la psicología y el coaching, veo este patrón muy a menudo, y la primera noticia que quisiera darte es que: No es falta de carácter, es falta de diseño.
Solemos creer que para cambiar necesitamos "echarle ganas y darlo todo". Pero la motivación es volátil por naturaleza. Confiar tu cambio (o el de tu empresa) solo a la motivación es como construir una casa sobre la arena: en cuanto sube la marea del estrés, todo se cae… y te cuento por qué: la motivación es un efecto anticipatorio.
La neuropsicología nos explica que la motivación aparece cuando el cerebro anticipa una recompensa. Ese "subidón" que sentiste cuando querías verte bien para tu crush fue pura dopamina de anticipación. Tu cerebro no estaba disfrutando del ejercicio o de la ensalada; estaba disfrutando de la idea de la recompensa de lograr estar con esa persona. El problema es que, cuando la recompensa se esfuma, la dopamina cae en picada y te quedas sin combustible.
Entonces, ¿cómo pasamos de depender de un "golpe de suerte emocional" a tener un sistema que funcione incluso en nuestros días grises? La respuesta no es buscar más motivación, sino entender qué emociones están "secuestrando" tu capacidad de actuar.
Neuro psicológicamente hablando, cuando intentamos cambiar un hábito o gestionar mejor nuestro tiempo, nuestro cerebro detecta una amenaza a su zona de confort. Es aquí donde surgen cuatro bloqueos (emociones básicas) que, muchas veces no detectamos claramente:
El miedo al cambio: Tu amígdala (el centro del miedo en el cerebro) se activa ante lo desconocido. "Y si cambio mi rutina, ¿qué tal si fallo?". Ese miedo nos paraliza y nos devuelve al sillón, donde nos sentimos confortables, pero insatisfechos.
Enojo por la falta de inmediatez: Vivimos en la era de la gratificación instantánea. Si el gimnasio o el nuevo proceso de trabajo no nos da resultados en tres días, surge la frustración que consume la energía que necesitábamos para continuar.
3. La culpa del "todo o nada": Es el famoso efecto de "ya que me comí una galleta, me como la caja entera". La culpa por un pequeño fallo activa áreas cerebrales relacionadas con el castigo, lo que nos hace abandonar el plan por completo para aliviar el malestar.
4. La vergüenza social: "¿Qué dirán si me ven intentando y luego fracaso?". La vergüenza es un peso social que drena nuestra corteza prefrontal (la parte encargada de tomar decisiones lógicas), dejándonos sin fuerza mental para seguir.
Para que un hábito se sostenga en el tiempo y nos de los resultados que esperamos, necesitamos que deje de ser un "evento emocional" y pase a ser un "proceso automático".
En la práctica, esto significa bajarle el volumen a la amígdala y darle herramientas a nuestra corteza prefrontal. ¿Cómo? Diseñando sistemas que no dependan de cómo nos sentimos hoy, por ejemplo:
Gestionar nuestra energía, no solo nuestro tiempo: Es mejor no intentar hacer lo más difícil cuando la batería mental está baja. El cerebro tiene un límite de decisiones diarias; no las malgastes.
Hacerlo ridículamente fácil: Si el hábito es pequeño, el miedo no se activa. En lugar de querer correr una hora, busca ponerte los tenis.
Sustituir la culpa por curiosidad: En lugar de castigarnos por fallar un día, podemos preguntarnos: "¿Qué parte de mi diseño falló hoy y cómo lo puedo ajustar para mañana?". Así vamos calibrando el sistema.
Dato curioso: nuestro cerebro gasta aproximadamente el 20% de nuestra energía total. Por lo tanto, cuando estamos cansados, lo primero que se apaga es nuestra capacidad de tomar decisiones lógicas (corteza prefrontal) y lo primero que se activa es nuestro instinto de supervivencia (amígdala). Así que diseñar el entorno también es ¡ahorrar energía!
Ya sea que busquemos un cambio personal o queramos elevar el rendimiento de nuestro equipo, la clave es la misma: crear una infraestructura donde lo correcto sea lo más sencillo de hacer.
La verdadera constancia no nace de empujarte más fuerte, sino de quitar las piedras del camino para que avanzar sea inevitable. En Red Psicoeduca, te ayudamos a crear una estructura donde tus metas dejen de ser una carga y se conviertan en tu nueva inercia.
Clear, J. (2018). Atomic Habits: An Easy & Proven Way to Build Good Habits & Break Bad Ones. Avery.
Fogg, B. J. (2020). Tiny Habits: The Small Changes That Change Everything. Houghton Mifflin Harcourt.
Sapolsky, R. M. (2017). Behave: The Biology of Humans at Our Best and Worst. Penguin Press.
Schultz, W. (2015). Neuronal Reward and Decision Signals: From Theories to Data. Physiological Reviews.
Santos Urbina, J. Método PARCUVE: Gestión emocional para el alto rendimiento.
McGonigal, K. (2012). The Willpower Instinct: How Self-Control Works, Why It Matters, and What You Can Do to Get More of It. Avery.
Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence. Bantam Books.
Loehr, J., & Schwartz, T. (2003). The Power of Full Engagement: Managing Energy, Not Time, Is the Key to High Performance and Personal Renewal. Free Press.
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Cofundadora de Red Psicoeduca, psicóloga y coach con más de 18 años de experiencia en áreas de bienestar y desarrollo de talento humano. Especializada en psicoterapia para personas adultas y en la facilitación de procesos grupales enfocados en la salud mental, autorregulación emocional, autocuidado y desarrollo personal.